Trabajar la memoria desde la desmemoria. La obra de Belinda Celta

«Soy arquitecto y artista plástico. Estudié en la hermosa Universidad Central de Venezuela. Me formé en el campo del arte a través de talleres en el Museo de Bellas Artes con Abilio Padrón, Luis Guevara Moreno y otros dirigidos por Julia Cohen facilitados por artistas docentes como: Antonio Lazo, Octavio Russo, Víctor Hugo Irazábal y Pedro León Zapata. Pertenezco al Grupo Prisma y al Círculo de Dibujo de Caracas y he participado en exposiciones colectivas a nivel nacional.»
Con estas palabras, se presentaba Belinda Celta a la hora de hacer su síntesis curricular.
La conocí en 2018 gracias a una amiga común, Angélica Piñango. Desde entonces, tuvimos gran empatía. Nos vimos en su casa-taller porque me interesaba conocer personalmente su trabajo, ya que la invité a exponer algunas obras en una exposición llamada «Informalismos» realizada en el Centro de Artes Integradas. Ese fue el inicio. Luego ella siguió exponiendo en salones, en otras muestras colectivas, y recibió importantes reconocimientos. Hizo dos interesantes muestras individuales: «C’est la vie» en la Alianza Francesa en Las Mercedes, y la segunda, y última, «El sinsentido del sentido» en el Centro Cultural de la UCAB. Su obra estaba desarrollándose de una manera vertiginosa, pero quedó truncada en 2023 por su inesperado fallecimiento.
Trabajaba el papel de manera desenvuelta en dibujos, collages y frottages. También lo integraba a distintos soportes: MDF, en el caso de pinturas texturizadas, al interior de cajas de acrílicos, o bien realizando intervenciones de libros. Incluía las historias médicas de las pacientes de su madre, quien fuera ginecóloga, así como segmentos de sus planos arquitectónicos. La línea, incluida la caligrafía, tenía posibilidades infinitas. En su última exposición en la UCAB, creó espacios virtuales logrados con la aplicación de nuevos medios tecnológicos. El espectador podía visualizar sus grafismos en 3D, y «viajar» por acantilados y vacíos, tal como sentía que así debían ser los vacíos mentales. Belinda dijo en aquel entonces:
«La obra parte de un collage con la firma de mi mamá deconstruida. También que, en un momento de su proceso de desmemoria, escuché en la radio que las imágenes en la resonancia magnética de la persona que va perdiendo la memoria se van poniendo oscuras. Ahí me vino el clic de hacer este trabajo: blanco, negro. Hay cosas de la enfermedad que no tienen sentido, también por eso el título de la obra [«El sinsentido del sentido»]; es un proceso difícil que yo transformo en el hecho artístico».
Hay entonces una impronta personal que trasciende profundamente la mera formalidad descriptiva. Su obra, densa y sensible, tenía un tema constante: la desmemoria. En el fondo, era un homenaje a su madre con Alzheimer. De allí la deconstrucción de las imágenes: al tachar, fragmentar o borrar para dar forma, paradójicamente, con abundante riqueza gráfica, a acantilados, vacíos, y remolinos lineales como una manera de simular nuevas escrituras. Era su manera de comprender y a la vez luchar contra la desmemoria.
