Las iniciativas precursoras del joven Omar Carreño

Omar Carreño es uno de los artistas representativos del movimiento abstracto-geométrico en Venezuela. Nació en 1927 y falleció en 2013. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas, de la que se retiró para formar parte de los artistas integrantes del Taller Libre de Arte en Caracas y posteriormente del grupo Los Disidentes en París. En su etapa formativa pasó por el estudio del cubismo para luego desentenderse de esta figuración y explorar diversas alternativas dentro de la abstracción geométrica.
Justo en este momento, entre los años 1950 y 1952, durante su estadía en París, Carreño concibió y teorizó acerca de la obra transformable producida por la manipulación del espectador. Las primeras piezas fueron los Polípticos, de las cuales queda un solo ejemplar en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Esta pieza, hoy día bien resguardada por la precariedad de su estado de conservación, podía modificarse al abrirse y cerrarse sus partes. Ello era porque la obra se componía de diversas tablas de madera pintadas con motivos geométricos unidas por medio de bisagras. Abierta, se «expandía» sobre el muro. La obra era la misma, pero en cada cambio de posición, podía transformarse en otras más. Al suceder esto, también se modificaba su entorno: el cambio de posición de sus partes alteraba el orden del espacio que la rodeaba. El arte así se volvió un juego y esta es una de las virtudes que tuvo la experiencia de Carreño. Su mérito, también puede decirse, fue el introducir el criterio de transformación real en el arte en una época en la que este concepto era apenas o poco explorado en las artes plásticas y, además, ello sucedió poco antes del advenimiento del movimiento cinético en el panorama internacional.
En 1953, realizó la serie Cuadros-Objetos, también conocidos como Ojos de buey. Fueron hechos en esmalte sobre madera y algunos no son manipulables. No obstante, el formato era poco usual: la rectangularidad del plano se rompe en curvas desiguales. Pero hay una variante muy particular: el cuadro-poema transformable. Al respecto, el artista señaló: «El cuadro- poema se había realizado desde hace muchos años; yo conocía este antecedente, pues existía lo que se llamaba tableau-poéme, pero el cuadro- poema transformable no existía. Y esa fue una idea que se me ocurrió en 1953 en Suiza.» Estas obras constan de un disco giratorio que modifica al color y al mismo tiempo al poema, que inicialmente podemos leer en la superficie del cuadro. Es con el giro del disco como el poema empieza a modificarse al aparecer palabras nuevas. En ese movimiento, la lectura se ve interrumpida por la pausa que hay de una frase a otra.
Luego de estas experiencias, Carreño realizó los llamados Corredizos en los que sus elementos de madera podían ser desplazados también por el espectador. Sus indagaciones prosiguieron, siempre interesado en observar las posibilidades infinitas de la geometría en la creación.
