La inmolación de Antonio Ricaurte



Por Susana Benko.

Cuando Antonio Herrera Toro expuso sus obras en la Exposición celebrada con motivo del Centenario del nacimiento del Libertador en 1883, contaba apenas con veintiséis años. Ya había viajado a Europa en dos oportunidades, la primera becado por Antonio Guzmán Blanco, y la segunda, en ocasión de un encargo que le hiciera el arzobispo de Caracas, el doctor José Antonio Ponte, para ornamentar la Iglesia Metropolitana de Caracas. De joven, Herrera Toro era una promesa prácticamente consumada.

Artista proclive a la variedad temática, fue muy estimado como retratista. Realizó pintura religiosa, alegórica y, en sus últimos años, realista. Para el evento de 1883, quiso continuar el ejemplo de Martín Tovar y Tovar, y consagrarse como pintor de historia, algo muy acorde con aquellos tiempos de reafirmación de una conciencia nacional. En ocasión al Centenario expuso La muerte del Libertador, obra en la que demostró, de acuerdo con Ramón de la Plaza, la calidad de su dibujo, originalidad en la composición y solemnidad en la escena. También expuso una de sus obras emblemáticas: Incendio puesto en el parque San Mateo por Ricaurte, llamada también La muerte de Ricaurte en San Mateo.

El sentimiento patriótico es exaltado en esta magistral pintura. Pese a su pequeño formato es excepcional en su factura. Esto lo supo ver de la Plaza, cuando la elogió en la revista de la exposición, señalando que tiene “un mérito incontestable”.

El tema de la pintura se basa en un hecho real. La figura heroica del neogranadino Antonio Ricaurte se muestra de espaldas y a contraluz. Estaba encargado de defender la casa alta de la Hacienda de los Bolívar en San Mateo, en el estado Aragua, pues allí se almacenaba la pólvora. Los enemigos, las tropas realistas, ya habían penetrado en el patio. Herrera Toro muestra la escena cuando el prócer, acorralado en el interior de la casa, recoge un tizón decidido a incendiar un barril de pólvora cercano a sus pies. Con la otra mano sostiene, con fervor romántico patriota, la bandera tricolor de Venezuela. Tenía ya decidido inmolarse e incendiar la casa.

Este cuadro, pequeño en dimensiones como antes señalamos, adquiere grandiosidad por el sentido heroico de la escena. El artista ha expresado el clima de tensión existente al colocar a Ricaurte a contraluz en contraste dramático con la luz del patio. El artista lo pinta como si lo viera desde un punto de vista bajo, modo como magnifica así su estatura. Pero hay algo más en este cuadro que lo hace muy curioso: Herrera Toro pinta el momento justo antes de la inmolación de Ricaurte… es decir, el artista se coloca en la posición del testigo que se encuentra presente en el hecho y visualmente lo narra. Pero, hay un detalle: él también se encuentra dentro de la casa próxima a explotar. ¿Y saben qué?... Nosotros los espectadores estamos dentro también...