Arte abstracto, esoterismo y espiritualidad (III). Hilma af Klint

 

 

Por Susana Benko.

La obra de Hilma af Klint ocasionó un cambio importante en la historia del arte moderno. Sorprendió por muchos motivos. En primer lugar, porque esta artista realizó una obra abstracta antes de las primeras manifestaciones que los maestros Kandinsky, Mondrian y Malévich hicieran a partir de 1910 en adelante cuando irrumpieron en el panorama vanguardista europeo. La segunda razón es porque la mayor parte de sus pinturas fueron hechas, al parecer, en estado de trance durante actividades espiritistas.

Pero vayamos al inicio. Hilma af Klint nació en Solna, a las afueras de Estocolmo, en 1862. Estudió en la Academia Sueca de Arte, por lo que es una de las primeras mujeres en recibir formación académica. Pintó retratos naturalistas y paisajes en paralelo a la realización de sus pinturas y dibujos “espirituales”. Su interés por el mundo del “más allá” comenzó al morir su hermana menor, un hecho que la dejó marcada de por vida. Las ideas promovidas por la Sociedad Teosófica de Helena Blavatsky y posteriormente las de Rudolf Steiner, quien sostenía que la salvación consistía en la obtención de conocimientos espirituales sobre la verdadera naturaleza de las cosas y el mundo material, la motivaron a continuar y a formarse como médium.

Con cinco mujeres formó el grupo “Las Cinco” para realizar sus reiteradas sesiones de espiritismo y tomar notas de los mensajes recibidos. Af Klint afirmó que estas “guías espirituales” pintaban a través de ella, y fueron quienes le indicaron las series que debía realizar. Asimismo, le dictaban los mensajes transcritos en sus cuadernos a modo de “escrituras automáticas”.

Así, realizó diversas series, entre estas sus “Dibujos espirituales” iniciados aproximadamente en 1903; las “Pinturas para el templo” a partir de 1906; y “Las 10 mayores” en 1907, entre otras. Cabe destacar que tuvo una prolífica producción en la que algunas piezas llegan a medir hasta tres metros de alto. Son composiciones abstractas que pudieran parecer a primera vista estudios de forma y de color, pero cargadas de un simbolismo enigmático que les confiere esa connotación esotérica o de lenguaje cifrado. Según algunos analistas, se trata de la creación de imágenes conciliadoras del universo dual en que vivimos: lo espiritual y lo material, la luz y la oscuridad, lo femenino y lo masculino, entre otras, para lograr condensar, como ella escribiera, “la unidad originaria” de donde todo procede.

Af Klint realizó cerca de 1300 pinturas y 124 cuadernos con ilustraciones y textos manuscritos. Pidió no mostrar su obra hasta veinte años después de su muerte pues consideró que el mundo no estaba preparado para verla. Pasaron cuarenta años desde su fallecimiento en 1944 y fue en 1986 que se descubrió su existencia al exhibirse en la muestra titulada “Lo espiritual en el arte: pintura abstracta 1890-1985”, realizada en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles. Hoy día la obra de Hilma af Klint se expone en importantes museos del mundo.