Plutarco

 


 

 

Por Humberto Ortiz.

Lucio Mestrio Plutarco, fue un escritor griego nacido en la ciudad de Queronea, en Beocia, y fue, además, sacerdote apolíneo en Delfos, en Fócida. Es conocido por su amplia variedad de escritos con los que legó a la posteridad un compendio ilustrado y completo de la cultura mediterránea antigua.

Es muy poco lo que se sabe de su vida, apenas unas sucintas referencias que dejó en sus ensayos. Gracias a ellas, los estudiosos han podido reconstruir una biografía muy simple, de una existencia tranquila y poco compleja. Sin embargo, se tiene constancia de que mantuvo buenas relaciones con cónsules importantes en la capital del Imperio, quienes incluso le consiguieron la nacionalidad romana.

Parece que nació poco antes del año 50 de nuestra era. Las notas que escribió sobre sus mayores y hermanos sugieren que creció en el seno de una familia muy arraigada a la tierra, de la que tampoco quiso nunca separarse. Así y todo, le tocó hacer varios viajes a lo largo de su vida, primero para irse a estudiar filosofía a Atenas y a Esmirna; luego a las ciudades imperiales más importantes en esos tiempos, a Alejandría, donde se interesó por la religión de Isis y Osiris, y dos o tres veces a Roma. Allí llegó como magistrado y representante político de su ciudad natal, hizo varias conferencias y aprovechó la oportunidad para recopilar información del pasado que usaría en sus futuros escritos.

Se le atribuye a Plutarco la supervisión de los proyectos de construcción en Delfos, que tuvieron los emperadores Trajano y Adriano, durante los primeros años del siglo II. Algunos cuentan que Adriano llegó a nombrarlo procurador imperial de la provincia de Arcaya, en el Peloponeso, pero el escritor nunca quiso abandonar Queronea por completo y procuraba moverse sólo a la cercana Delfos para sus oficios sacerdotales.

Se dice que Plutarco desconocía el latín, pero esto no le resultó un obstáculo en sus viajes al Imperio. En las altas esferas romanas donde se movía, el griego era ampliamente conocido. Empezó a estudiar latín a una edad avanzada, cuando se dedicaba casi exclusivamente a la escritura y deseaba leer directamente las fuentes latinas para reflexionar sobre ellas.

La obra más conocida de Plutarco es Vidas Paralelas, en la que recopiló biografías de destacados personajes griegos emparejadas con egregios personajes romanos. No eran tratados históricos, pero sí permitían comparar las virtudes y los defectos de los notables de la historia mediterránea hasta entonces. El mismo escritor aclaraba que lo importante era mostrar la vida profunda de cada personaje y no sus hazañas, y ofrecer al lector la posibilidad de dilucidar los componentes de una existencia valiosa, con sus límites y sus providencias.

En su obra, Moralia -nombre puesto por un monje bizantino, entre los siglos XIII y XIV- se recogen muchísimos escritos de temas diversos: reflexiones sobre el valor de las religiones, sobre los distintos pensadores antiguos, sobre educación, sobre la poesía, la retórica y la música. En todos esos escritos lo fundamental para nuestro escritor era dejar traslucir el valor de la habilidad reflexiva del ser humano. Esa habilidad ofrecía una sensación viva de libertad, que implicaba ser consciente de uno mismo, conocer las propias potencialidades anímicas y reconocer las íntimas limitaciones: esa era –según Plutarco- la verdadera finalidad de la educación filosófica.

Calculan que su muerte fue en el año 120, habría vivido alrededor de 70 años.


La unidad de la razón natural