Las wuwas ye’kwana

 


 

 

Por Álvaro Mata

La etnia ye’kwana (gente de curiara) o makiritare (hombres de río), habitantes de las riberas del Caura en el estado Bolívar, es conocida por la alta calidad técnica y estética de sus wapas, bancos de madera, rallos de yuca, canaletes y curiaras, entre otros objetos que nos atraen porque hacen vibrar en nosotros la tercera fibra de la que estamos tejidos a raíz del mestizaje: la indígena.

Siglos de tradición han hecho de la cestería ye’kwana una referencia mundial por su fino acabado y por la profundidad simbólica de las formas que la decoran, abstracciones del mundo natural a través de las que sus artesanos dialogan con lo sagrado. Hace algunos años, un tipo de cesta en particular está llamando la atención: las wuwas, de sinuosas formas, semejantes a un jarrón.

Fabricadas con bejuco de mamure, con una vida útil de seis meses de uso diario con más de sesenta kilos de peso, estas cestas son artesanía y arte a la vez: son utilitarias y son estéticas. Su forma es sensual y recuerda las curvas de una mujer. Y es que, originalmente, fueron creadas por hombres, nacieron de su admiración por la silueta femenina, como sucedió con la antigua Venus de Willendorf o los modernos torsos de Francisco Narváez. Pero hace unos sesenta años, la llegada de los misioneros a las poblaciones indígenas asentadas en el sur de Venezuela desplazó la mano de obra masculina a otros oficios y, a partir de entonces, han sido las mujeres —atávicas moiras— quienes se han dedicado a tejer los mitos de su cultura en estas piezas de indudable belleza.

Con frecuencia, las nuevas invenciones producto del intercambio comercial empobrecen los objetos indígenas, pero en otras ocasiones, dichas alteraciones resultan altamente beneficiosas para el objeto en cuestión, tal es el caso de las wuwas: confeccionadas en un inicio como funcionales cestas de carga; y aunque, actualmente, conservan su función primigenia, cuentan con el añadido de estar tan sensiblemente ornamentadas, que ya comienzan a entrar en prestigiosas colecciones no sólo etnológicas, sino de Arte con mayúscula.

Imprimir texto